EXPOSICIÓN 13 Y 14 – SOCIOLOGÍA
En las siguientes exposiciones
hemos visto un par de temas de gran interés:
- LA CONSTRUCCIÓN DE LA PROPIA IMAGEN
- EL NIÑO, SU CENTRALIDAD Y SUS DERECHOS
El desarrollo de nuestro autoconcepto y autoimagen comienza desde la niñez en el seno familiar y con las
experiencias vividas. Desde muy pequeños comenzamos a construir nuestra propia
imagen, por ello la labor del docente no sólo debe centrarse en contenidos y
objetivos curriculares.
Un punto de la primera exposición
que me ha parecido muy curioso ha sido las “Diferencias culturales”. Las
exigencias psicosociales que recibimos son un factor importante para el
desarrollo del autoconcepto, al igual que las aspiraciones sociales. Así pues,
tenemos una gran cantidad de ejemplos de cómo en diferentes culturas los
cánones de belleza son muy diferentes: las mujeres jirafa de Birmania, los “michelines”
de las mujeres tuareg… El concepto de
belleza es subjetivo.
El año pasado para un trabajo de
Psicología del desarrollo me leí un libro llamada Sexo y temperamento en tres
sociedades primitivas, de Margaret
Mead. La antropóloga plasmó las conclusiones obtenidas tras una gran
investigación de pueblos primitivos de distintas épocas. Quiso demostrar que el
grado de maleabilidad de la naturaleza humana viene determinada en gran medida
por la cultura, es decir, que la
biología no define la personalidad de las personas sino que es todo el ambiente
que le rodea lo que le construye. Margaret Mead cuestiona que la identidad femenina y masculina esté biológicamente
determinada. En tres culturas con las que ella convivió (los Arapesh, los
Mundugumor y los Tchambuli), había encontrado una configuración diferente de lo
que en nuestras sociedades occidentales asociamos con masculino o femenino.
Entre los Arapesh, tanto hombres como mujeres eran de temperamento pacífico y
ni los hombres ni las mujeres hacían la guerra. Entre los Mundugumor, la realidad era justo lo contrario: tanto hombres como
mujeres eran de temperamento bélico. Los Tchambuli
eran diferentes de los dos anteriores. Los hombres se acicalaban y gastaban
su tiempo en arreglarse mientras las mujeres trabajaban y eran prácticas.
Volviendo a la exposición, hemos
llegado a la conclusión de que uno de los grandes papeles del maestro consiste
en eliminar tópicos y estereotipos. Debe ayudar a potenciar la igualdad, a
pesar de los cánones físicos o intelectuales. Debemos estimular el verdadero
temperamento individual.
En cuanto a la segunda exposición
(El niño, su centralidad y sus derechos) quiero destacar un artículo del
periódico ABC:
“Más de 215 millones
de niños en todo el mundo trabajan para sobrevivir”
Desgraciadamente, y según la OIT
(Organización Internacional del Trabajo), unos 215
millones de niños siguen siendo víctimas del trabajo infantil en todo el
mundo. De éstos, 153 millones tienen entre 5 y 14 años, y de los
cuales 53 millones realizan labores catalogadas como “peligrosas”.
“Al privar a los niños de que se eduquen y se formen, se les condena a
permanecer sin calificación alguna y, por tanto, se perpetúa la pobreza en la
sociedad” (OIT).
Por ello, uno de los elementos
que juega un papel primordial en la eliminación del trabajo infantil es la
educación. La educación nos proporciona libertad y nos ayuda a gozar de algo
tan necesario como la igualdad de oportunidades.

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