viernes, 10 de mayo de 2013


EXPOSICIÓN 13 Y 14 – SOCIOLOGÍA


En las siguientes exposiciones hemos visto un par de temas de gran interés:


  • LA CONSTRUCCIÓN DE LA PROPIA IMAGEN
  • EL NIÑO, SU CENTRALIDAD Y SUS DERECHOS

El desarrollo de nuestro autoconcepto y autoimagen comienza desde la niñez en el seno familiar y con las experiencias vividas. Desde muy pequeños comenzamos a construir nuestra propia imagen, por ello la labor del docente no sólo debe centrarse en contenidos y objetivos curriculares.

Un punto de la primera exposición que me ha parecido muy curioso ha sido las “Diferencias culturales”. Las exigencias psicosociales que recibimos son un factor importante para el desarrollo del autoconcepto, al igual que las aspiraciones sociales. Así pues, tenemos una gran cantidad de ejemplos de cómo en diferentes culturas los cánones de belleza son muy diferentes: las mujeres jirafa de Birmania, los “michelines” de las mujeres tuareg… El concepto de belleza es subjetivo

El año pasado para un trabajo de Psicología del desarrollo me leí un libro llamada Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas, de Margaret Mead. La antropóloga plasmó las conclusiones obtenidas tras una gran investigación de pueblos primitivos de distintas épocas. Quiso demostrar que el grado de maleabilidad de la naturaleza humana viene determinada en gran medida por la cultura, es  decir, que la biología no define la personalidad de las personas sino que es todo el ambiente que le rodea lo que le construye. Margaret Mead cuestiona que la identidad femenina y masculina esté biológicamente determinada. En tres culturas con las que ella convivió (los Arapesh, los Mundugumor y los Tchambuli), había encontrado una configuración diferente de lo que en nuestras sociedades occidentales asociamos con masculino o femenino.

Entre los Arapesh, tanto hombres como mujeres eran de temperamento pacífico y ni los hombres ni las mujeres hacían la guerra. Entre los Mundugumor, la realidad era justo lo contrario: tanto hombres como mujeres eran de temperamento bélico. Los Tchambuli eran diferentes de los dos anteriores. Los hombres se acicalaban y gastaban su tiempo en arreglarse mientras las mujeres trabajaban y eran prácticas.


Volviendo a la exposición, hemos llegado a la conclusión de que uno de los grandes papeles del maestro consiste en eliminar tópicos y estereotipos. Debe ayudar a potenciar la igualdad, a pesar de los cánones físicos o intelectuales. Debemos estimular el verdadero temperamento individual.

En cuanto a la segunda exposición (El niño, su centralidad y sus derechos) quiero destacar un artículo del periódico ABC:

Más de 215 millones de niños en todo el mundo trabajan para sobrevivir” 

Desgraciadamente, y según la OIT (Organización Internacional del Trabajo),  unos 215 millones de niños siguen siendo víctimas del trabajo infantil en todo el mundo. De éstos, 153 millones tienen entre 5 y 14 años, y de los cuales 53 millones realizan labores catalogadas como “peligrosas”.

Al privar a los niños de que se eduquen y se formen, se les condena a permanecer sin calificación alguna y, por tanto, se perpetúa la pobreza en la sociedad” (OIT).

Por ello, uno de los elementos que juega un papel primordial en la eliminación del trabajo infantil es la educación. La educación nos proporciona libertad y nos ayuda a gozar de algo tan necesario como la igualdad de oportunidades. 


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